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Ene 07

Pentagramas de Color

« El color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana »

Vasily Kandinsky

Kandinsky - Composición VIII

“Composición VIII” – Kandinsky (1923)

 

Si hablamos de armonía, tonalidad, disonancia, brillo… ¿nos estamos refiriendo a la bella conjunción de una pieza musical, la organización entre la altura de sus notas, la existencia de sonidos percibidos de forma desagradable y el tono nítido y cálido de un instrumento? ¿O quizás se nos viene a la cabeza la correcta compensación en una pintura, las propiedades de los pigmentos utilizados, la presencia de colores cercanos que desentonan y su luminosidad? ¿Hablamos de música o tal vez de pintura?

Podríamos definir la música como el arte de producir y combinar sonidos de forma tan agradable al oído que conmueve el alma, un arte que a lo largo de la historia ha tenido un papel fundamental tanto en la vida social como personal y que es capaz de mediar entre lo intelectual y lo espiritual. Se trata de un lenguaje universal, pero ¿no lo es también cualquier tipo de arte, entre ellas, la pintura?

Verdaderamente son muchas las similitudes entre estas dos manifestaciones artísticas. Tantas que la relación músico-visual ha sido objeto de estudio desde mucho antes de lo que podamos pensar.

Decoración pictórica de la Tumba de Nebamún (siglo XIV a.C)

Decoración pictórica de la Tumba de Nebamún (siglo XIV a.C)

Ya en la Antigüedad surgieron teorías como la de las proporciones armónicas o los modos griegos –dórico, jónico, frigio, lidio, mixolidio, eolio y locrio-, los cuales se caracterizaban por aludir a estados de ánimo o sentimientos determinados. Esta idea fue retomada por el pintor Nicolás Poussin en el siglo XVII, quien, partiendo de la idea de que « los excelentes griegos, que inventaron todo lo bello, encontraron varios modos con los que obtuvieron maravillosos resultados »,  los aplicó a la pintura a través de la concordancia entre la temática de los cuadros y el carácter emocional típico de cada uno de ellos (igualmente se adoptaron para otras artes como la literatura). Asimismo, el modo dórico hacía referencia a un estado de ánimo severo, firme, grave o grandioso; mientras que el lidio se asociaba a la sorpresa y la fantasía o el eolio con la melancolía y la tristeza, por poner algunos ejemplos.

Esto dio paso a estudios posteriores, tanto de músicos como de pintores o incluso filósofos, destacando las figuras de Wagner, Chopin o Schönberg, creador del dodecafonismo al basarse en los doce sonidos de la escala cromática. De esta misma escala escribió Rousseau  que « está entre la diatónica y la enarmónica, así como el color está entre el blanco y el negro. O bien porque el cromatismo embellece al diatónico con sus semitonos, que logran, en música, el mismo efecto que la variedad de los colores tienen en la pintura ». Finalmente se llegó, de la mano de Kandinsky, a una “sinestesia” (del griego “syn”, junto, y “aisthesía”, sensación) para indicar a la acción de pintar bajo la influencia o inspiración de la música, materializándose en sus obras conocidas como “composiciones” y dando pie a la corriente pictórica abstracta.

El mismo artista puso de manifiesto que «las artes aprenden unas de otras y sus objetivos a veces se asemejan», a pesar de que la pintura y música se perciben a través de sentidos diferentes –vista y oído- y se mueven en distintas dimensiones –espacio y tiempo-. Sin embargo comparten una especie de “lenguaje adaptado” mediante el cual pueden llegar entenderse. De este modo, la vibración se asemeja con la pincelada, el timbre con el color, el silencio con el vacío, las voces o instrumentos con los diferentes planos, el ritmo con la mayor o menor presencia de elementos pictóricos, la melodía con la línea, contorno y la escala con la gama cromática…

"Música en Las Tullerías" - Manet (1862)

“Música en Las Tullerías” – Manet (1862)

Por ello, pintura y música, música y pintura, han ido de la mano en multitud de ocasiones. Unas veces los músicos se han inspirado en bellas pinturas para componer sus melodías. Otras, por el contrario, la música ha abierto a los pintores ventanas a otros mundos. Pero además, la música ha captado la atención de estos artistas simplemente por las formas estéticas de sus instrumentos, el sentido iconográfico que llevan consigo o sencillamente tener un papel importante en hechos históricos o imaginados como celebraciones, rituales o ceremonias.

Esto es exactamente lo que vamos a poder conocer en Pentagramas de Color una serie de obras pictóricas que de una u otra forma están relacionadas con la música, viajando desde los antiguos rituales representados en las pinturas rupestres hasta composiciones abstractas, pasando por las más suntuosas decoraciones de palacios barrocos o los retratos costumbristas de humildes músicos callejeros.

 

Inmaculada Sosa Borrego

"La sonata" - Chile Hassam (1893)

“La sonata” – Chile Hassam (1893)

1 comentario

  1. rogelio

    Sorprendente los pentagramas de color, me encantan!!!

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